“El sol no quería ocultarse, el cielo despejado y una suave y acariciante brisa presagiaban que algo histórico iba ocurrir. Un jovencito, Biscochito, con el coco pelado, humilde, medio culoncito, de rodillas pedía bendiciones, le llegaron del cielo y se llenó de Gloria”: Beata.
Alvaro Sánchez, Stephany de Sánchez, Gustavo Navarrete, José Luís, “Biscochote”, Héctor, “Tapetico”, se citaron en el apartamento de Diego Reyes y Alexandra, para comer pizza, tomar de todo, ver el partido sin resultado entre Millonarios y Nacional, comentar y sacar conclusiones para el bien del Inter.
El primer tema tratado fue sobre las Estadísticas Históricas publicado en la página del Inter United. Que Peter Trofin va a alcanzar a Roger Dirham como goleador, nombre del único jugador que estorba en todas las posiciones, jugador con más patas partidas, que el jugador mas humilde “tapético” que besó como el papa todas las gramas al llegar, que el Inter lleva 107 partidos jugados y 57 ganados.
Pero el centro de discusión fue sobre quienes hicieron los goles más rápidos y sonoros que no figuran en el record estadístico. Gustavo, Alvaro, y Justo, “Mapalé”, García, lograron anotar el mayor numero de autogoles en todos los 107 partidos. En el caso de Gustavo la noticia voló hasta Arbeláez en donde el municipio celebró el acontecimiento por tres días y tres noches. Pagaron el pato las vacas, más de un centenar fueron sacrificadas y devoradas durante las setenta y dos horas de vigilia.
Gracias a este acalorado tema, a la abundante comida ingerida, al traguillo consumido, al incendio de Lina, los asistentes no durmieron viendo el partido entre Millos y Nacional. No faltaron comentarios técnicos por parte de “Tapetico” que esta clase de encuentros futbolístico no es apto para los del Inter porque con lo que saben y juegan se tiene suficiente para sufrir y llorar.
Después que los patrocinadores apagaron las luces, pero no después que quedó un pedazo de pizza, los asistentes se retiraron, recogieron la camilla de primeros auxilios, cancelaron la ambulancia parqueada por previsión que perdiera Nacional tenían lista. Se retiraron cabizbajos pensando habían perdido la oportunidad de ver como se despelleja un “oso millonario” en vivo y directo con las uñas por parte de una hincha nacionalista.
Los directivos acordaron por unanimidad cancelar los programas de enviar jugadores en intercambio con otros clubes. Fue el caso del maestro Pablo Viedma que viajó a España al Real Madrid y en lugar de enrolarse con los jugadores lo hizo con las porristas. Llegó bajo de peso, con piernas flacas y sin potencia, pesado, pasado, descolorido y sin ganas de jugar ni dados. Acordaron por unanimidad sacarle tarjeta roja a Helio si olvida llevar a los gemelos a los partidos para instalarlos llorando a dúo en la banca del equipo contrario.
En punto a las siete el árbitros pitaron para iniciar el partido: Gustavo en la portería, Biscochito, Joaquín, Andrés y Jorge González, el trovador, en la defensa, Pablo, Francisco, Jorge, el siete novias, Fernando, en la media y adelante Peter. Rodó el balon y los dragones se fueron a la portería custodiada por Gustavo. Le hicieron un tiro cruzado, Gustavo levanto vuelo y aterrizo en la punta del corner. Se levanto para la foto y ya el balón estaba en el ombligo del campo para reanudar el partido. Gol de los Dragones.
Gustavo en un arranque de hombría, de amor por los colores monalisos, de respeto por las 27 mil fanáticos que presenciaban el partido, se colgó de una oreja y sin contemplaciones se sacó. Se quitó el uniforme No.1, boto los guantes, rezó o dijo algunas dulzuras, se empelotó y se puso la numero 10. Aplausos de las barras, lágrimas de los Dragones y orgullo del Inter.
El Inter jugaba más organizado, funcionando la defensa y la media en apoyo. El bendecido, haciendo diabluras en el área enemiga, enseñándoles a jugar con delicadeza e inteligencia, se coló, se metió, recogió balón que en pared le hizo Pablo y Francisco, alistó el gatillo, no se demoró y chutó para tremendo golazo. El estadio a reventar de emoción, de alegría, de locura entonaron un himno: Bis-co-cho.- Bis de visco, co de coco- cho de chocolate Biscocho y no pararon de cantar durante el primer tiempo.
Tremendo el trabajo de Helio, Fernando, Alvaro, Ethiel y Sorin que entró a reemplazar a Gustavo. Fernando es de gran calidad pero como las palomas de Fátima delicado. Al saltar abrió las piernas y al caer las junto bruscamente y parece que hubo carambola de dos por que miro al piso para ver que se le había caído. Salió con las manos en el bajo vientre. Descansó y volvió a insistir como buen vallu-calden-antioqueño y nuevamente sintió el ruido de campanas y abandono el campo. Lástima.
El segundo tiempo fue un monólogo del Inter que adelantó las marcas y se volcó sobre la portería de los Dragones. Tiros abajo, arriba, a los lados y nada que entraba. Que gran trabajo de Andrés, inteligente, duro, preciso, disciplinado cuido a Sorin. Andrés pudo soportar no la carga enemiga sino la largada de sus compañeros que estaban en todas partes menos defendiendo. Excelente el trabajo de Jorge de fuerza, de Pablo el sabio, de Peter como zancudo en la oreja enemiga, de Ethiel dando todo de si.
Faltaba menos de un minuto para acabarse el encuentro. Los Dragones formaron herradura en la portería, nadie pasaba pero los diablos del Inter encima del área de candela. Andrés rechaza el balón, Pablo sin esfuerzo lo baja, se lo sirve a Francisco, Francisco ve que Biscochito se corría por el lado izquierdo y le sirvió en bandeja el pase. Biscochito recortó a uno a dos, se quito la marca, levantó cabeza, midió, calentó la zurda y soltó el derechazo para el gol de la victoria.
Biscochito como los matadores salió en hombros, entre todos los jugadores, los suplentes, los directores y la barra lograron levantarlo del piso y lo pasearon. Había cortado orejas, cola, rabo y las bolas del Dragón. Que faena. En el restaurante Old Chicago continúo el festejo con comida, con jarros de cerveza, con brindis. Biscohito el humilde, el que se arrodilló, el que le cortó todo al Dragón, haciendo una demostración, como la de Gustavo, solo pidió una ensalada. Quería una corona de laureles y se la comió.