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This is a Spanish language version of a Tattoo news story from El Salvador. An English version link can be found at the end of the story.

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Note: This story and accompanying photos are copyrighted. All rights reserved. For information on reprint rights, contact The Tattoo.

 1 Avril 2005

-- A Tattoo news exclusive, Spanish version --

La madre del albergue los cuidó como familia

Por Oscar Ramirez

SAN SALVADOR, El Salvador -  Ana Lara dijo recientemente que se ve a sí misma como “madre soltera” de los 24 niños con problemas familiares que vivían con ella en el albergue que empezó  porque quería ayudarlos ha evitar el abuso que ella misma vivió  al crecer en las calles.

Algunos de los niños mayores dijeron este mes que decidieron vivir en la pequeña  y común casa de Lara para escapar de las malas situaciones a las que eran sometidos por sus propias familias. 

Ahora, sin embargo, Lara es buscada por la policía luego de que un bebé de siete meses de edad muriera bajo  circunstancias misteriosas en el albergue. Los vecinos dijeron a la policía que Lara huyó en una camioneta tipo Van con los otros niños.

Click Here   Oscar Ramirez/ The Tattoo

De izquierda a derecha: Douglas Siguenza, encargada Ana Lara, Eduardo Barahona con un niño no identificado en el albergue.

Oficiales de la policía que custodiaban la casa el Sábado dijeron que oyeron “que el niño se cayó y se pegó en la cabeza”  y también que la madre del bebé inicialmente apoyo a Lara, diciéndole “váyase, para que la policía no la agarre”.

Pero los oficiales dijeron que ellos no están  al tanto de la investigación que ha sido llevada desde el 29 de Marzo, día en que murió el bebé.

Aunque Lara ha desaparecido, The Tattoo , puede proveer una exclusiva historia que se adentra a la vida de Lara y del albergue que operaba.

Tres semanas antes de que Lara apareciera en las noticias, ella y algunos de los jóvenes que vivían en su albergue ilegal hablaron con un reportero de The Tattoo  que trabajaba en una historia acerca de los adolescentes con problemas familiares. 

La vida de Lara

El albergue localizado en la colonia Flor Blanca desde hace cuatro meses, pero previamente basado cerca del centro de San Salvador, operaba bajo el nombre “Fundación Infantil Hebrón”.

Servía de hogar ha aproximadamente 24 niños, muchos de los cuales escaparon de los hogares problemáticos que los hacían victimas de abuso emocional y físico. Otros eran explotados a través de trabajo infantil.

Los niños en el refugio tenían edades desde bebés hasta adolescentes, la mayor de 18.

Ana Judith Lara de Constancia, normalmente llamada Ana Lara, dijo que fundó el albergue con la ayuda de su iglesia local porque quería prevenir que los niños fueran expuestos a los peligros de las calles, un mundo que  introduce a muchos a las drogas, alcohol y prostitución.

“Yo vivía en las calles cuando era una niña,” dijo Lara “Yo sufrí el abuso de las personas que vivían ahí.”

“A la edad de 11 años, yo ya había sido abusada sexualmente y había empezado a consumir sustancias tóxicas como las ‘pastas’ (nombre en la calle para las pastillas) cerveza y alcohol.” dijo ella.

Después de congregarse en una iglesia en Guatemala,  lugar donde sus años adolescentes la llevaron, ella dijo  que se le ocurrió  la idea de algún día abrir un albergue para niños necesitados.

El albergue

Lara dijo que las necesidades económicas del albergue eran costeadas por medio de “fe.”

Ella dijo que cuando necesitaba algo, ella podía hablar con alguno de los pastores de las iglesias que le ayudaban y presentar recibos por lo que había comprado.

Algunas iglesias y escuelas que llevan a cabo servicio a la comunidad, como el “Colegio Pan de Vida” en San Salvador, regularmente visitaban el refugio para jugar y enseñar a los niños más jóvenes.

Click Here   Oscar Ramirez/ The Tattoo

Oficial de policía custodiando la casa adonde se encontraba el albergue.

Antes que la casa se volviera un albergue, Lara dijo que era usada por una iglesia.

La pequeña casa tenia una cocina y una sala de estar donde los niños, especialmente los mas jóvenes, se reunían para ver televisión y jugar.

Mas adentro, una habitación larga tenía varios camarotes posicionados en filas para que los niños mayores pudieran dormir.

Habían otros dos cuartos contiguo a la sala de estar.  Uno de ellos tenía varias cunas que eran usadas por los bebés, y el otro cuarto servía como una pequeña oficina.

Varios juguetes estaban tirados por toda la casa, y muchos de ellos eran puestos atrás del cuarto donde los niños mayores dormían.

El cuarto de Lara estaba opuesto al cuarto de los bebés.

En conjunto, la casa se miraba desordenada y quizás hasta sucia. Lara hacia la mayoría de las labores en el albergue, ayudada a veces por los jóvenes.

Una mujer a la cual se refirió como “Mirna” también la ayudaba con las labores en la casa, dijo ella.

Ella dijo que le gustaría ayuda voluntaria de escuelas o iglesias que le auxiliaran a  limpiar ventanas y pisos y ha arreglar las camas.

Alrededor de los niños, Lara era paciente. Ella los cambiaba, alimentaba y andaba pendiente de ellos frecuentemente. Aun cuando los bebés lloraban, Lara no parecía estar enojada o desesperada.

Durante las entrevistas ella siempre tenía un niño a su lado. Los niños eran muy apegados a ella y algunos incluso la llamaban mamá.

Lara dijo estar en trámites de legalizar su albergue para que los niños estuvieran bajo su protección por ley.

Historias de los niños.

Douglas Sigüenza, 17, dijo que llegó al albergue hace seis años después de hacerse amigo de los niños que ya vivían ahí.

“Tenia como nueve años cuando me fui la primera semana,” dijo él,  y se dio cuenta que su madre y su padrastro “no me buscaron.”

“Yo me iba de la casa por que mucho me maltrataba mi padrastro,” dijo él,

Sigüenza dijo que vivió en una imprenta antes de llegar al albergue de Lara.

“En esa imprenta, vivía yo ósea que me tocaba todos los días trabajar ahí de Lunes a Sábado, a veces hasta en la noche,”dijo Sigüenza.

“La imprenta no me pagaba nada; solo me daban donde vivir y trabajar,” Sigüenza dijo. Así que decidió mudarse al albergue. 

Un estudiante de octavo grado, Eduardo Barahona,  dijo que creció en el albergue y fue

educado por  Lara, su tía. El dijo que siempre ha vivido con ella y el resto de los niños.

Dijo que su padre murió, pero su madre aun esta viva. Sin embargo, el prefiere vivir en el albergue.

“No puedo vivir con mi mamá,”dijo Barahona, 15. “No me gusta estar con ella. Es mejor aquí con mi tía y los demás.”

Ana María Pérez es la mayor de todos los jóvenes que vivieron en el albergue.” Tengo aproximadamente nueve años de vivir aquí,”dijo ella.

Pérez dijo que solía vivir con su madre y su padrastro, pero luego de la muerte de su madre, “Todo cambio. El se volvió todo violento.”

Ella dijo que  Lara “no permitió que me maltratara.” 

Dos de sus cinco hermanos viven con una familia que los adopto, dijo Pérez. Ella dijo que vivió un tiempo con la familia que adopto a sus hermanos, pero se mudó después de quedar embarazada.

“Eduardo es mi bebé,” dijo ella, señalando a un infante cerca.

Pérez regresó al  albergue después de tener a su bebé, y dijo que Lara – su “tía” – la apoyó.

“A veces encuentras refugio en otras personas que han vivido lo mismo y entonces sentís mas tranquilidad,” dijo Pérez. 

Viviendo juntos

Lara dijo que los niños que viven en el albergue tienen una rutina similar a la de cualquier niño con una mamá y un papá.

“En la mañana todos desayunamos y de ahí se van a la escuela,”dijo ella

Una de las reglas para vivir en el albergue es que los jóvenes tienen que ir a la escuela, dijo Lara.

En un día normal, los niños mas jóvenes estudian con Lara en el albergue mientras los mayores estudian en una escuela pública cerca del lugar, dijo Lara.

La filosofía del albergue gira alrededor de los valores morales y religiosos, dijo ella.

Lara dijo que es una costumbre que agradezcan a Dios por la comida que tienen.

También mencionó, que siempre tienen un pequeño devocional antes de dormir.

Otra regla para vivir en el albergue es que no pueden usar ropa floja porque se verían como miembros de pandillas, dijeron los muchachos.

“No me puedo poner aritos, o usar pantalones anchos, todo así como marero pues,” dijo Barahona.

Barahona dijo que preferiría vestirse con un poco más de estilo.

“No me puedo vestir como quiero,”dijo él, por las reglas de Lara. Pero él dijo que acepta las reglas, las cuales dictan que los jóvenes deben estar en la casa antes de las 8 p.m.

Lara dijo que es más fácil cuidar a los niños mas pequeños por que ellos si escuchan.

“Somos como 8 jóvenes, de edades 12  a 18” dijo Pérez.

“Los jóvenes quieren hacer su voluntad, ellos quieren decir grandes malas palabras y no les gusta que nadie los corrija. Ellos quieren irse ha vagar y no quieren que nadie les diga nada,”dijo Lara. 

Vivir con 24 niños no es tarea difícil, los jóvenes dijeron.

“Al principio se siente incomodo estar con demasiada gente, pero poco a poco te acostumbras y sentís algo muy normal. Hasta te hace falta tener el montón de gente,” dijo Pérez.

Sigüenza dijo que lo único malo de vivir en el albergue es que “mucho me revisan los chiquitines, me hacen un solo desorden en mis cosas.”

Sigüenza dijo que es difícil tener privacidad viviendo en el albergue y le gustaría tener su propio dormitorio.

Los jóvenes también dijeron  que las discusiones que suceden entre ellos son normales, pero nada mayor.

“Las peleas son mas que todo por la falta de respeto,”dijo Pérez.

Lara dijo que la mayoría de los niños que viven en el hogar tienen a su padre, madre o algún pariente cercano vivo, pero la verdad es que los parientes no tienen tiempo para ellos.

Pérez dijo que no ha hablado con su padrastro desde los 13 años, Barahona dijo que raramente visita o tiene visitas de su madre.

“Mi mama esta viva, pero a veces no quisiera saber nada de ella,” dijo Sigüenza. 

Una familia

Pérez dijo que ve a todos los niños y jóvenes que viven en el albergue como familia.

“Esto es una familia,”dijo ella. “Solo que mas numerosa, pero uno se siente bien. Es como tener una mamá y muchos hermanos y primos.”

Click Here   Oscar Ramirez/ The Tattoo

De izquierda a derecha : Ana Lara sosteniendo a un niño en el albergue en San Salvador, Douglas Siguenza y Eduardo Barahona.

Sigüenza dijo que también cree que vivir en el albergue es algo bueno.

“Es bueno estar así, al menos yo se que salí de los problemas que tenía con mi familia,” Sigüenza dijo.

Ellos dijeron que se han encariñado mucho los unos de los otros y también de Lara.

Lara dijo que a veces niños que conocen  a los que viven en el hogar llegan solamente a pasar la noche.

“Había un niño que se llamaba Jonathan que ellos lo trajeron un día por que la mamá lo había corrido de la casa,”dijo ella.

No obstante, ella dijo que es importante que los niños sientan que tienen un hogar.

“Para mi es algo fundamental que ellos tengan la seguridad que es exclusivamente de ellos su hogar y que tienen que cuidarlo,”dijo Lara.

 

Las pandillas

A pesar de las diferencias que las personas en el albergue puedan tener, todos están de acuerdo que las pandillas constituyen un problema clave para la juventud Salvadoreña.

Sigüenza dijo que “las maras y las pandillas” son problemas graves.

Pérez dijo que “ver a tanto marero” es el problema mas grande que la juventud de hoy en día enfrenta.

“A veces me pongo a pensar que no es tanto la culpa de ellos de estar así, si no que nunca hubo nadie que les pusiera atención y les dijera ‘venite’” dijo ella. “Entonces las maras les sirven como refugio.”

Barahona dijo que de hecho algunos mareros estudian en la misma escuela que él.

“Algunos son mis amigos, pero solo para apantallar,”dijo Barahona.

Lara dijo ser muy cuidadosa en aconsejar a los muchachos para que elijan a sus amigos sabiamente y así evitar exponerse al peligro.

Metas

 Muchos de los jóvenes en la “Fundación Infantil Hebrón” e incluso la misma fundadora tienen aspiraciones para el futuro.

“Quiero estudiar una ingeniería cuando salga del bachillerato,”Sigüenza dijo.

Barahona dijo que le gustaría obtener un bachillerato técnico. Él dijo que la mecánica es el único campo de estudio que le interesa.

A diferencia de Eduardo y Douglas, Pérez no esta estudiando por el momento.

“Quiero estudiar el otro año,” dijo Pérez. “Quisiera sacar un técnico en computación, esa es mi gran expectativa, en mi meta principal en esta vida.”

Lara dijo desear obtener una casa más grande para los niños.

“Yo le pido al Señor que me de un hogar más grande, donde ellos puedan tener su propia escuela, donde ellos puedan tener una vida mas normal,” dijo Lara.

“Quiero que un día se casen y tengan su propio hogar,”dijo ella.

Poder abrir un albergue para ancianos es también una de sus aspiraciones, Lara dijo.

Lara dijo que sus valores religiosos y su fe en Dios la han ayudado a continuar son su labor día tras día.

“La gente debería ser mas atrevida y ayudar a los que lo necesitan, especialmente a los niños” dijo ella.

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